domingo, 12 de octubre de 2014

Mientras todos duermen

La ciudad nos espera
dormida sobre un manto
tranquilo y suave de nubes
somos la nostalgia de un juego de amantes nóveles
inexpertos y hermosos
besándonos
bajo un portal oscuro
donde escondíamos nuestro cofre de tesoros prohibidos,
ese recuerdo nos sonríe
mientras todos duermen
deambulando con locos y prófugos
por las calles mojadas
de una ciudad perdida en una esquina del mar,
cuando sólo buscábamos el abrazo seguro y tierno
de alguien que nos amó

sábado, 4 de octubre de 2014

Dafne

Los demonios engendraron
pánico en mi leve calma
siento el deber de perseguirte y hacer que nazcas
el fruto de este perverso pesar de dorada punta
siento la adrenalina y el sediento camino
pulso, no des tregua a su persecución,
y el infinito temor de no atraparte nunca
no hay descanso en el precipicio
letras y signos desde el que me arrojo
al cansancio inédito de las palabras
escribo en un intento de reconciliarme con el niño
 y su nostalgia
con el futuro carnal de los días de la vida
que aún me queda por vivir y
no he sido capaz de imaginar
a tu lado
no descanso
no respiro
no hay alivio en esta noche corrompida por el alba
la ciudad suspira
y ninguna mujer se atreve a maldecir conmigo
la soledad
noche no te duermas
no dejes que me rinda
dando por perdidas todas mis batallas
entregándome a la agonía del día,
la furia de horas, minutos y segundos
necesito ahogarme en esta tempestad de versos
escondida en mi
no quiero coronarme de mustios laureles.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Relato insignificante II

Hay días que no sale nada, estás una hora con el bolígrafo en la mano y la libreta se convierte en una procesión de tachones, en esos momentos te planteas tu oficio, te levantas de la silla y apagas el ventilador, quizás tu musa tenga frío. Sigues empeñado acuchillando la libreta, con desaliento mueves el bolígrafo, las letras ya no son letras, las palabras se hacen indescifrables, has escrito pero luego al releerlo es cuando tienes que inventarte la historia, o el relato, o lo que sea  que quieras contar. Quizás un momento antes de releerlo ves el fragmento de una película, y  todo ese tránsito de caracteres enigmáticos son ahora parte del argumento de la película, o tal vez te atrapa la melancolía y recuerdas tu niñez, y las palabras que crees leer describen un paisaje perdido en el tiempo, de tu viejo barrio, allá al otro lado del mundo, o simplemente en ese momento no pienses en nada, y lo que has escrito sigue siendo el relato de las horas perdidas buscando una historia, una historia que sientes que está ahí dentro pero que no consigues sacar, te esfuerzas, te decepcionas, rompes el papel, ese indefenso parásito que acuchillas con un bolígrafo negro, lo maldices, le hechas la culpa a las cervezas que te tomaste antes de sentarte a escribir, luego piensas en Poe, habré bebido lo suficiente, luego te arrepientes de haber nombrado a Poe, pero lo has vuelto a hacer, y crees que es mejor empezar a tachar, pero la vista se desvía hacia un montículo de monedas que hay sobre el escritorio, las cuentas, al instante olvidas cuánto dinero era, y de que llevas mucho tiempo escribiendo sin parar. Escribes, FIN, y lanzas el bolígrafo contra el montón inexacto de monedas no cuantificadas.

lunes, 15 de septiembre de 2014

El Condenado

Siempre creyó que su muerte sería instantánea, indolora y suave, que en algún momento de su vejez se acabaría la arena de su reloj, después de haber vivido tanto. La situación era otra, se encontraba en el corredor de la muerte, en su sala de espera, donde las horas no pasan, donde la soledad y la muerte están tan presentes que incrementan su nostalgia, y ésta a su vez la imaginación. Se dejaba llevar y paseaba siendo un anciano por los campos de cultivo que descubrió siendo niño, se alejaba de las casas en compañía de un perro tan viejo y gastado como él,  disfrutaba de la música del campo, de la brisa de verano con la confianza que da toda una vida vivida. Imaginaba ese viejo que sería, lo veía de lejos pasear con su perro, y otras veces lo encontraba sentado en la antigua estación, por donde ya no pasan trenes ni viajeros,  reunía el coraje de acercarse al viejo, acariciándole el lomo al perro le preguntaba quién era, y cuando el viejo respondía, un hombre lloraba en una celda escuchando como el viejo decía su mismo nombre, y la edad ya no le importaba porque el tiempo hace tiempo dejó de importar, el hombre profundamente triste, le pedía al viejo que le contase cómo había sido su vida, pero éste que conoce el lenguaje del silencio sonríe, y el hombre de la sala de espera entiende que el viejo ha sido feliz, ha sabido gastar cada gramo de la arena de su reloj con honor, y  ahora sólo desea, una noche cualquiera, dormirse tan profundamente que ya jamás vuelva a despertar. Por eso el condenado reza cada noche una oración por la muerte del viejo que nunca será.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Madre Poema

Poema de madrugada
que esperas a tu descarrilado poeta
en vela,
le muestras el camino
con luces que parpadean en la niebla,
lo esperas, madre poema,
para consolarlo
porque vuelve perdido,
y tu abrazo le merma su rabia,
y tu paz de madrugada lo acompaña
hasta el alba
o hasta que cae dormido, y su alma
de hombre alado descansa.

Madre poema,
que conoces a tus hijos enséñales,
dale experiencias y misterios,
secretos y verdades,
dale sueños,
y un incendio en las entrañas que los haga vivir.

domingo, 31 de agosto de 2014

Relato insignificante

Hay un pedazo de cielo gris pegado al cristal de la ventana, un cielo inmóvil, petrificado, frío, y de igual color han tornado sus ojos, recién salidos de un letargo suave y que ha sentido como infinito. Sólo hay en sus ojos un pedazo de cielo gris, y el marco blanco que encuadra la acuarela gris del cielo. Hay un hombre joven sobre un sofá negro de una blanca habitación abuhardillada, donde hay una ventana en la que ahora está dibujado un pedazo gris de un cielo petrificado, y también hay un libro junto al cuerpo del hombre joven, y otras insignificantes cosas de la vida cotidiana, pero ha sido el libro el que ha adormecido al joven, quien ahora ha despertado y mira el cuadro del cielo gris. El hombre joven adormilado piensa pausado, como si estuviera dictando, o dictándose a sí mismo sus pensamientos, aunque él no piensa en sí mismo,  más bien su pensamiento es un relato para él.  Y relata lo que ve, y ve a un hombre joven sobre un sofá negro en una habitación abuhardillada, donde hay una ventana en la que se dibuja un cielo gris. Trata de acentuar en su relato los ínfimos detalles que en su mente adormilada parecen importantes, porque sabe que de su relato nadie está tomando nota, tendrá que esperar a que el hombre joven del sofá consiga vencer la pintura gris que ha petrificado sus ojos y su cuerpo, y cuando lo consiga, cuando ese cuerpo se desprenda del sofá negro, y sus movimientos lo lleve a otra habitación, no blanca, no abuhardillada, y por fin sus ojos tornen suyos otra vez y no del infinito gris, será el único capaz de escribir el insignificante relato que alguien dictaba en su cabeza.

domingo, 19 de enero de 2014

Despertador Bolaño

Son las 6 de la mañana y me despierta el conjuro de una habitación helada, el murmullo de la lluvia de invierno en el desierto y el tormento de la literatura póstuma de Bolaño, o sólo eran ganas de mear y ahí acaba todo. Pero la cuestión es que no puedo dormir y siento  mi corazón vibrar con furia, sabe que está vivo y tal vez ha conocido su destino, nuestro destino, por eso no me deja dormir y me obliga a pensar y escribir.
Late pleno de adrenalina, como lo que siente un perturbado, un enfermo al matar, asfixiando contra su pecho a la víctima, para luego acariciarle el pelo, en un gesto que parece tierno, tiernamente atroz.
Late como el corazón de un Dios, que crea, dispone y ejecuta a su antojo. En el corazón de ese Dios viven y mueren todos los seres que con su infinita piedad fueron creados.
O más bien late como el corazón podrido de un escritor, de un poeta, quien sediento de divinidad juega a ser Dios, y decide sobre la dicha de sus bastardos personajes.
Así me despierto a las 6 de la mañana con ese temblor en el pecho de destruir cualquier mundo paralelo, uno de hormigas atrapadas en la imaginación maligna de un niño.
Bolaño me habló en sueños, y me sentí responsable de su obra, que no me pertenece o sí, porque él ya está en el Olimpo, con tantos otros y su obra es expropiada por la humanidad para su gozo; un placer infinito escritas en páginas finitas, las cuales sólo la muerte tuvo el valor de culminar.
Roberto me habló de cómo le temblaba el pecho al escribir, del poder infinito que tenían sus dedos, de cómo el bolígrafo tiene la capacidad de parir a tantos hijos como miles de madres, cómo la tinta puede ahogar a los hombres como un mar, cómo una pluma puede desnudar y amar a tantas mujeres, cómo puede enfermar y finalmente morir.
Nada es real, pero existe, una existencia cruda y absurda. Es necesario encerrarse en la libertad de un cuaderno en blanco para disponer de lo bello y lo atroz que late en tu convulso corazón.

Me desperté a las 6 de la mañana y quizás ya nunca vuelva a dormir.

lunes, 6 de enero de 2014

Fe

Caminar despacio por un parque, una ciudad, por un bosque helado, pasear junto al sol tibio de Enero entre pinos, o descalzarse y sentir la arena y la espuma de un mar desconocido, enfrentarse a algo como si no fuese nadie, mirar al fondo para encontrar algo, tal vez alguien portando algo, diminuto que no valga nada pero signifique tanto, que tenga quizás unos labios, que tal vez escondan la sonrisa más bella que jamás verás, cargada de besos que sólo existen en tus sueños, pero que jamás verás, porque sólo caminas despacio, sin saber a dónde, ni porqué.

domingo, 6 de octubre de 2013

Niño

Qué ardan los relojes, que se muera el tiempo
qué la niebla devore los bosques, y el bosque la ciudad
qué de mis manos nazcan raíces que mueran en la tierra
¿Por qué tus ojos miran autos?
que llevan personas
que tienen caras
que dibujan arrugas
que cuentan el tiempo
que marcan historias que no importan nada
porque nada importa si tus ojos no se ven.
Tan bella es la flor que llevas dentro que nadie puede romper
ni siquiera tú, que sólo la imaginas.
La imaginas como al niño que eres y que no fuiste,
imaginas la sonrisa que tienes y que nadie te enseño,
imaginas los juegos que jugarías, y que no juegas.
Imaginas que tu mano no pide la limosna que recibes.

lunes, 8 de julio de 2013

La pluma

Una pluma, para que escribas me dijo. Negra y esbelta, de trazo suave y azul, con olor a verano y libertad, con unos detalles en plata, y unos cartuchos de tinta para contar. A mi me costaron las palabras de agradecimiento, no por desagradecido, sino por miedoso. Aceptar esta pluma, con la que aun busca el equilibrio mi mano, fue aceptar el destino que ella con gracia había envuelto en un estuche de lata. Finalmente sonreí y la bese, aceptando que yo era su regalo, comprendiendo que ella hacía las historia para que yo las escribiera.